When loss strikes, the facts fade but Colel Chabad’s empathy endures.
En un reciente ataque con drones en el sur del Líbano, Omar Galdor, un soldado israelí de 30 años y querido padre de dos hijos, cayó mientras protegía a su patria y a su familia. Para la mayoría, esto por sí solo sería una tragedia inimaginable. Para la familia Gispen, reabre heridas que aún no se han cerrado del todo.
Omar was the son-in-law of Yaron Gispen, of blessed memory, a resident of Eli. Having lost her father years ago, Omar’s wife has already been a member of Colel Chabad’s Chesed Menachem Mendel Orphan Initiative.
Su primera experiencia con una pérdida profunda que le cambió la vida comenzó en 2009, cuando encontraron a Yaron con heridas de bala letales. ¿Se trató de un ataque terrorista? ¿Un suicidio? Durante nueve años, nadie lo supo.
To Colel Chabad, though, it never mattered. The only facts the organization needed was that there was a young widow and house of little children facing something they never imagined.
Las autoridades desestimaron la muerte de Yaron como suicidio, mientras que su viuda, Iris, luchó incansablemente hasta 2018, cuando el Ministerio de Defensa finalmente terminó su investigación y reconoció la verdad: Yaron fue víctima del terrorismo.
En todo momento, Colel Chabad comprendió algo más profundo: cuando una familia se ahoga en el dolor, no necesita burocracia, necesita un salvavidas. Mientras que otros veían un número de caso, los administradores de casos veían seres humanos sufriendo. Mientras los sistemas exigían pruebas, la organización ofrecía presencia. Mientras los comités deliberaban, Chesed Menachem Mendel brindaba consuelo.
Colel Chabad estuvo al lado de la familia entonces y continúa estando ahora, mientras la familia enfrenta otra pérdida que cambia la vida: es un compromiso ayudar a las familias afectadas por el dolor de la muerte.
Nunca importó por qué o cómo falleció alguien. Para su familia en duelo, lo único que importa es que se fue.
The Torah teaches us that compassion knows no categories. Whether death comes through war, illness, or terror, the pain of loss speaks a universal language. This is why Colel Chabad’s doors remain open to all who suffer, offering not just support, but understanding. Not just assistance, but accompaniment on the long road of grief.
This is the essence of the mission – to embrace every widow, every orphan, every broken heart, regardless of how it broke.
A la familia Gispen y a todas las familias que atraviesan el valle de la muerte: no caminan solos. Colel Chabad estuvo con ustedes ayer. Estamos con ustedes hoy. Y estaremos con ustedes hasta el consuelo definitivo, cuando todas las familias se reúnan con la llegada del Mashiaj. De una vez por todas.
Because facts may fade, but empathy – true, unconditional empathy – endures forever.